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miércoles, 6 de marzo de 2013

Las impresoras 3D, un nuevo horizonte legal

Vienen para quedarse, para cambiar la filosofía de la impresión tradicional. Y ya han impactado de tal manera en muchos círculos tecnológicos se habla de sus posibilidades. Las impresoras 3D permiten a los usuarios imprimir productos o partes de elementos mayores mediante un simple proceso informático y mecánico. El usuario, por medio de un software específico, puede diseñar y personalizar el modelo digital del objeto físico que desea obtener. 

Y todo es relativamente sencillo porque, a continuación, generará un archivo de diseño tridimensional del tipo CAD que queda listo para su impresión. ¡Et voilà! De esta manera, utilizando una impresora de estas características y los materiales adecuados el propio usuario podría imprimir en su propio domicilio el objeto que ha diseñado. Vamos, en la práctica, permite contar con una pequeña fábrica en casa. 

El caso es que diseñar por ordenador un producto tridimensional reviste de una especial complejidad, fuera del alcance de muchos. Para salvar este obstáculo ya existen en internet repositorios e índices de diseños en 3D que el usuario puede descargar. El usuario tan solo tendrá que bajarse a su ordenador el plano o maqueta digital del producto que desea, enviarlo a la impresora y ver cómo se genera su pieza. En unos minutos podrá tener en sus manos una copia física y tridimensional del objeto que aparecía en su pantalla. 

Pero lo que puede llegar hasta austar es que una posibilidad de esta tecnología, que raya con la ciencia ficción, viene de la bioimpresora comercial, cuyos primeros modelos han sido desarrollados por la compañía Invitech y que son capaces de ¡fabricar órganos y tejidos humanos a partir de un modelo tridimensional creado por ordenador! Esta impresora funciona en un entorno estéril que suministra células humanas y un hidrogel, que sirve como soporte matriz. Hace poco, una impresora 3D fue capaz de fabricar un exo-esqueleto para una niña llamada Emma que no podía utilizar sus brazos, permitiéndola volver a usarlos de nuevo. 

Peligrosas aplicaciones 

Sin embargo, hay usuarios que han llevado la utilidad de la impresora a otro terreno diferente del de la creación de órganos, muñecos o carcasas: en Estados Unidos, un usuario que se hace llamar «Haveblue» ha sido capaz de imprimir un arma de fuego, usando como material de impresión una simple barra de plástico. 

El proceso para fabricar un AR-15 resultó muy sencillo, ya que únicamente tuvo que descargar desde una página web los planos del arma en ficheros formateados en SolidWorks, introducir unas modificaciones para adaptar el diseño, originalmente previsto para metal, a las propiedades físicas del plástico, adquirir por 30 dólares una barra de composición plástica especial para la impresora, introducir este plástico en la impresora 3D, como quién abastece la impresora con tinta o tóner, ejecutar el programa informático que contenía el diseño tridimensional del arma previamente modificado y conectar el PC a la impresora e imprimir. De la noche a la mañana y desde casa, un arma de fuego. 

Lo curioso del asunto, además de la posibilidad de crear desde casa una réplica exacta de un arma descargando el diseño de la misma como quién descarga una película, es que esta réplica tenga la capacidad de efectuar hasta 200 disparos de proyectiles reales. Esta nueva tecnología imprime un horizonte legal inexplorado y repleto de consecuencias jurídicas, según explican Jorge López Baqueriza y Pablo Fernández Burgueño, de Abanlex Abogados. 

Las dudas legales que plantea esta tecnología son muchas: ¿Imprimir una taza vanguardista a partir del diseño creado por un famoso artista es legal? ¿Qué sucede con los Derechos de Propiedad Intelectual? ¿Y con las patentes? ¿Se podría fabricar en casa la pieza estropeada de un Mac sin tener que pasar por la caja de Apple? ¿Y la pata de una mesa de Ikea sin necesidad de desplazarnos a su almacén? 

Jurídicamente se ponen de manifiesto algunas dudas al respecto de sus utilizaciones, entre los que destaca una descarga ilegal de modelos 3D que, sin la previa autorización del titular de los derechos, representaría una ilegalidad, algo en el que los autores de un diseño tridimensional se pueden acoger asegurando que tiene el derecho exclusivo de decidir si éste puede ser transformado o no. Por tanto, se incluye la posibilidad de prohibir que se hagan cambios en el modelado o, incluso, que se convierta su diseño digital en una obra tangible. Así que el usuario que cambie, transforme o imprima un diseño en contra de la voluntad de su autor estará cometiendo un acto ilegal. 

Desde Abanlex consideran que otro área a tener en cuenta es el tema de las patentes, ya que las impresoras 3D son capaces de imprimir objetos patentados; es decir, piezas de maquinaria, utensilios y otros elementos útiles cuyo monopolio de explotación ha comprado una persona o empresa. El titular de una patente adquiere el derecho temporal de ser el único que pueda fabricar el objeto. «Si un usuario fabrica en su domicilio dicho objeto patentado, estará vulnerando la patente, por lo que dicha impresión será ilegal», aseguran. 

Diseño industrial o marca tridimensional cuya forma coincida con una marca tridimensional puede ser considerado ilegal en determinados casos. «Cada persona podrá tener en su casa una fábrica de objetos personalizados e imprimirlos bajo demanda. La figura del producto descatalogado desaparece. El alcance de la protección por patentes quedará mermado. Sin límite, todo usuario que lo desee podrá disfrutar en su casa de los productos de diseño más vanguardista. Otra industria se unirá a las que ya están en busca de un nuevo modelo de negocio», dicen

Fuente ABC

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