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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Impresoras 3D 'made in' Extremadura


No es un sector que esté muy desarrollado en Extremadura. Por ello, la empresa Clondex dedica buena parte de sus recursos a labores de difusión del mundo de la impresión en tres dimensiones. Lo hace mediante charlas y actividades para los niños. «Acudimos a ferias, programamos eventos gratuitos a los que vamos con las impresoras, realizamos demostraciones y enseñamos las piezas y las tecnologías que existen hoy en el mercado», indica Cayetano Moreno, uno de los cuatro socios de la firma; los otros tres son: Marta Barroso, Javier Pacheco y José Antonio Fernández de Tejeda.

Así, según ellos, detectar la necesidad de una impresora 3D portátil era un paso bastante lógico y se propusieron hacer algo al respecto. Entonces, diseñaron y construyeron una impresora 3D portable, plegable y modular. Y le pusieron nombre: Bamboo. «Se trata de una impresora más ligera que el resto –pesa unos seis kilos– y que se puede plegar y transportar como si de un maletín se tratase», indica Pacheco.

Sin embargo, para los responsables de Clondex, la característica más importante de la Bamboo es que es modular. «Esto significa que puede variar su capacidad de impresión, ya que sus piezas de plástico son reutilizables a cualquier tamaño», aporta Barroso.

Para entender esta particularidad es necesario indicar que las impresoras 3D, a nivel usuario, tienen una capacidad de impresión estándar de 20 por 20 por 20 centímetros. Sin embargo, la Bamboo está diseñada para poder ampliar cualquiera de sus ejes, para hacerlo solo habría que ampliar las varillas. «Además, es más resistente a los viajes y más silenciosa», añade Pacheco.

En las instalaciones de esta empresa extremeña se ha realizado todo el desarrollo del nuevo dispositivo. «Casi todas las impresoras 3D siguen la misma línea y nosotros queríamos hacer algo diferente. La hemos diseñado y construido, realizando la estructura y el ensamblado», añade Barroso.

Los dispositivos de impresión en tres dimensiones tienen una serie de partes básicas. Estas son: una estructura robusta que aguante las vibraciones; un cabezal que caliente el filamento a la temperatura exacta y lo extruya; los motores que se mueven en los ejes cartesianos (‘x’, ‘y’, ‘z’); la electrónica, y el filamento, que es como el cartucho de tinta de las impresoras convencionales.

Desde Clondex también se han realizado varios desarrollos en la parte del extrusor con la idea de optimizarlo.

Además, esta empresa tiene otras líneas de negocio, pero todas relacionadas con el mismo sector. Ofrecen servicio de diseño en 3D; de imprenta, destinado a clientes que ya tienen el diseño, pero no pueden imprimir; de formación para el montaje y ensamblado de las impresoras, y de distribución y venta de impresoras y de filamentos. «Tenemos a la venta impresoras para las que hacemos el ensamblado y la impresión de las piezas de plástico, que sirven para unir todas las partes básicas», dice Barroso, que también apunta que Clondex distribuye la marca de impresoras polacas Zmorph, una máquina multifunción y con doble extrusor.

Para llegar a la impresión, es necesario un trabajo previo de diseño de las piezas, que se realiza a través de programas informáticos. «Posteriormente, la información se traslada a la impresora mediante un puerto USB o a través de una tarjeta SD, ya que las máquinas se manejan con la pantalla LCD con la que cuentan», en palabras de Moreno.

Open Source

«La comunidad de las impresoras 3D es muy abierta. Se comparte todo a través de Internet. Gracias a esto se han conseguido los desarrollos actuales y abaratar los precios. Una impresora vale ahora mismo en torno a 500 euros, menos que una videoconsola o un teléfono móvil», afirma Barroso.

Es más, los dispositivos pueden venderse listos para funcionar o en ‘kits’ para que los usuarios monten su propia máquina. «Hay vídeos tutoriales y manuales gratuitos en la Red, así como foros para resolución de dudas», apostilla Pacheco.

Los proyectos ‘open source’ consisten, «básicamente, en hacer desarrollos y publicarlos. En torno a ellos se genera una comunidad en la que se aportan más ideas y mejoras de forma libre, que luego los usuarios pueden implementar de manera particular», explican desde Clondex, que también apoyan esta filosofía con su labor formativa.

En esta línea de trabajo, la empresa imparte cursos de formación en los que enseñan cómo montar las impresoras, para qué sirve la electrónica y cómo se pone en funcionamiento todo lo relacionado con el software. Igualmente, ofrecen nociones básicas de diseño en tres dimensiones. «Los seminarios concluyen con la elaboración de las primeras piezas y la experimentación con las mismas», remarca Moreno.

La máquina Bamboo también es un proyecto ‘open source’. «Todavía estamos redactando la documentación, cuando terminemos lo publicaremos en nuestra página web y en la comunidad que seguimos», indica Barroso, añadiendo que esto se hace para que la gente la pueda fabricar en su casa. «El que no quiera hacerlo, que tenga la opción de comprarnos la impresora», apostilla Pacheco.

El carácter abierto de este sector también llega a la electrónica. «Es de hardware libre, lo que ayuda a que cada vez salgan nuevos proyectos de desarrollo», según Moreno.

Origen

La réplica de un corazón humano, otra de una columna vertebral, la maqueta de una nave espacial, pirograbados en madera o el busto a escala de uno de los socios de la empresa. Son algunas de las varias decenas de piezas de diversos materiales, todas fabricadas mediante la impresión en tres dimensiones, que adornan una de las estanterías de las instalaciones que Clondex tiene en el Parque Científico y Tecnológico de Extremadura (PCTEx).

Esta firma extremeña tiene poco más de un año de vida y surgió gracias a las ganas de emprender de cuatro jóvenes que decidieron apostar por un sector, como es el de la impresión en 3D, que tiene «infinidad de posibilidades», según apuntan.

En este sentido, como si de una tormenta de ideas se tratase, los socios de Clondex aportan algunas de las aplicaciones de la impresión en tres dimensiones. «Educación y medicina, ya que podemos replicar partes humanas fieles a la realidad; gastronomía y cocina creativa y profesional, en la que el gramaje de los platos es muy importante;_robótica; arquitectura y diseño, al poder imprimir maquetas, o arte, música y moda», desgranan, aunque hay muchas otras.

En definitiva, una impresora 3D es una herramienta que puede servir a los niños a imprimir sus propios juguetes y a los adultos personalizar los objetos estándar que están a la venta. «Es perfecta para crear, innovar y para inventar cosas», entiende Barroso.


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